A veces tienes
miedo de decir lo que sientes, piensas o crees. En un mundo que constantemente
cuestiona todo lo que no debería ser cuestionado no sentimos atados y atrapados
a tener que decir solo lo que es correcto, cuando pasa el tiempo todo aquello
que nunca pudimos decir se queda en el cuerpo y florece como algunos dolores y
algunas cosas que nos terminan lastimando aún más.
Quisiera que
pudieras entender todo lo que a mi me duele, todo lo que creí, que abandoné, aunque
estaba aferrado y quizás algo atrapado espero y esperé que entendieras todo, pero
comencé a guardar silencio, a no decir nada. Ahora que todo está como está
pareciera que nada cobraría sentido, pero, poco a poco dejo de ver la luz, esa
luz que un día se encendió por un momento me hizo mirar al cielo y creer que
todo era posible en un mundo lleno de decepciones.
Alguna vez te pedí
que me enseñaras a decir adiós, creo que nunca lo aprendí, nunca fue suficiente
despedirse, nunca fue bueno decir adiós, porque tendría ganas de volver a decir
“Buenos días”, con cada segundo que avanza en este tiempo solo espero estar mas
lejos de la luz. Solo espero no tener que pasar por esto otra vez.
Quisiera que volverías
y me enseñaras a decir adiós, sin sentir ganas de pedirte que lo abandonaras o
que volvieras, pero soy tan débil como aquella luz que se enciende cuando
intento estar de pie en un mundo donde todo está de cabeza.
Por favor,
detente. Mira el cielo y espera una señal, una señal que diga que hiciste lo
correcto. Espera con paciencia que se cumplan tus anhelos y deseos, porque era
un camino el que recorrías, quizás cuando dijiste que siguiera mi camino es tan
simple como que no querías compartir el tuyo. Lo acepto, lo comprendo y lo
entiendo, esta vez volveré a decir adiós. En silencio, como siempre debió ser.
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Dime que el mundo ya no es tan violento