jueves, 18 de agosto de 2016

Nunca más, nada...

 Era una sensación, en realidad es la verdad, la única verdad que existe, no, miento creo que no hay verdad absoluta. El amor muere, la muerte se muere, nada dura para siempre y siempre todo puede empezar y acabar cuantas veces se le antoje al caprichoso controlador de situaciones. 

Aquellos pasaron y dijeron, mejor amigo, aquellos pasaron y dijeron estaré aquí, aquellos pasaron y dijeron juntos para siempre. Todo aquello que alguna vez pasó, pasó, porque ese alguien estuvo ahí y ese lugar en el mundo le perteneció. 

Les contaré una de las cosas que siempre recuerdo como la que originó, mi cadena de despedidas a veces hasta inapropiadas.  Empezó en 3ro básico, hasta ese día mi mejor amigo (F), era pecoso y súper simpático, jugábamos a todo lo que se nos antojara  e ideábamos las coas casi de la misma forma. Nos volvimos los mejores amigos un día, qué en uno de esos juegos de niño alguien lo empujo  se cayó, todos se rieron porque se le ensució el delantal blanco (Qué estúpido usar delantal blanco). Ese día todo cambio, pero el hecho que inició una amistad también la terminó, porque su padre decidió darle una mejor educación y cambiarlo a un colegio adventista no sé qué.

 El pingüino el mítico profesor que golpeaba y se mofaba de sus estudiantes. Declaró en clases: “Vas a tener que levantarte temprano y allá son exigentes, bla bla no recuerdo más el discurso, pero, imaginen que aquí dice: Ya no volverás nunca más”, yo lo miré y le dije ¿te vas a ir?, y dijo que sí, yo inocentemente le pregunte si seguiríamos siendo amigos él dijo que sí. Pasaron los días y nos llamábamos peor teléfono teníamos teléfono en la casa y me daban permiso para que nos llamáramos, comentábamos los monos que veíamos en la tele y eso era todo.

Los días pasaron y todo se acabó, hace unos dos años traté de contactarlo, lo encontré en Facebook y jamás nada volvería a ser como en esa época, somos completamente distintos.

En mi mente infantil no entendí que él estaba sufriendo bullying, que yo era el único que no lo molestaba y que su padre lo vio como algo muy grave y debían cambiarlo, yo solo recuerdo que sentí que me quedé solo. Así fue exactamente. Vinieron días de soledad y desde niño recuerdo sentir la extraña sensación de angustia. 

Tal parece que estoy destinado en cierta forma a estar en el lugar y momento equivocado, a no poder tener amigos, ni gente a mi alrededor que se pueda quedar todos se irán de alguna forma u otra, o todos se han ido.





miércoles, 10 de agosto de 2016

Separar y olvidar

Él era un adolescente idealista, con grandes sueños, creía en el comunismo, un tanto  depresivo de estilo, tenía metas poco claras, grandes sueños, quería amar y ser amado, un tipo que le gustaban las bandas de rock pesado, él era quien conoció a dos amigas inseparables, unidas por algo más que la amistad y no me refiero a nada lésbico. Una de ellas, sin duda la más importante en la vida, claro conoció todas las etapas, conoció al joven comunista e idealista, conoció al leguleyo deprimido, y al psicólogo en formación cansado. Conoció al ciego feliz de ser ciego y al triste ciego humillado por el sistema.
Sin duda despedirse de alguien cuesta mucho, sobre todo si lo haces por teléfono, solo tendrás que decir adiós, pero, jamás dirás lo que verdaderamente sientes. El recuerdo de aquella despedida es que no podía preocuparse de quien importaba, que nunca estaba para ella, sin duda así era, una vida de caos, esa era la etapa de soltería y despecho, conviviendo con los demonios que mutaban y originaban desfases intelectuales y sexuales.
Nunca me despedí, nunca lo haré, nunca estuve y nunca lo estaré, porque, tú siempre estás ahí a la sombra, porque eres como una madre, como una amiga que no olvida y aunque dijiste creer olvidar, sabrás que vive una amistad, que un día se recompondrá, porque entre el ciego leguleyo y el joven comunista pasaron años de separación.





jueves, 4 de agosto de 2016

Agosto

Los gatos volverán a andar por los techos, la lluvia volverá a caer entre nubes a medio formar, volverá a salir el sol entre relámpagos. Agosto es un mes de caos, para los viejitos un mes definitivo, claro,  siempre dicen que si pasan a gusto podrán gozar de un año más de vida, en cierta forma agosto pareciera ser un mes de cambios.
Mis agosto, han estado llenos de tristezas, desamparo, de nostalgia y de angustia, tal vez este agoto no esté exento de soledad, ni de agonía, mutante cerebral que produce jaquecas, eso no existe, pero, se debe leer chistoso. Claro ahí vamos otra vez a ver qué pasa con el tiempo, que pasa con las metas, los sueños y la vida misma. Ya da igual si nada resulta o si fallamos, solo lo volveré a intentar otra vez, dolerá lo que tenga que doler. Pero de lo que me arrepiento es de hacerme de la soledad,  dejar para siempre aquello que alguna vez quise de entre tanto fracaso emocional, sin amigos me quedé, lleno de trabas para abrazar a quien, sí, siempre quiero abrazar.
El amigo y la amiga se enamoraron, bien por ellos, ojalá su felicidad sea eterna, como siempre sabía no lo necesitaría,  me necesitarían, fin que más da, verdad, si todo converge en que debo aprender a ser fuerte y ser valiente. Porque nadie llegara para arreglar todo lo que ya está bien podrido.
Si alguna vez estuvo pues bien ya no lo está, y claro, la extraño con el alma, pero hay cosas que debo hacer por otros que  valen e importan más, porque yo a mí mismo tampoco le importo tanto.