miércoles, 10 de agosto de 2016

Separar y olvidar

Él era un adolescente idealista, con grandes sueños, creía en el comunismo, un tanto  depresivo de estilo, tenía metas poco claras, grandes sueños, quería amar y ser amado, un tipo que le gustaban las bandas de rock pesado, él era quien conoció a dos amigas inseparables, unidas por algo más que la amistad y no me refiero a nada lésbico. Una de ellas, sin duda la más importante en la vida, claro conoció todas las etapas, conoció al joven comunista e idealista, conoció al leguleyo deprimido, y al psicólogo en formación cansado. Conoció al ciego feliz de ser ciego y al triste ciego humillado por el sistema.
Sin duda despedirse de alguien cuesta mucho, sobre todo si lo haces por teléfono, solo tendrás que decir adiós, pero, jamás dirás lo que verdaderamente sientes. El recuerdo de aquella despedida es que no podía preocuparse de quien importaba, que nunca estaba para ella, sin duda así era, una vida de caos, esa era la etapa de soltería y despecho, conviviendo con los demonios que mutaban y originaban desfases intelectuales y sexuales.
Nunca me despedí, nunca lo haré, nunca estuve y nunca lo estaré, porque, tú siempre estás ahí a la sombra, porque eres como una madre, como una amiga que no olvida y aunque dijiste creer olvidar, sabrás que vive una amistad, que un día se recompondrá, porque entre el ciego leguleyo y el joven comunista pasaron años de separación.





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Dime que el mundo ya no es tan violento