Tener el corazón roto no es una cuestión de género, ni de edad, ni quien seamos.
Cuando tenía 5 años sentí que por primera vez se me rompía el corazón, la persona qué para mí era la más linda, había rechazado mi dibujo con plásticina.
A los 14 entendí al igual que a los 5, si entregamos algo y este algo es rechazado, algo en medio de nuestro pecho se romperá.
A los 20 ya sabía tantas cosas sobre los corazones rotos, que no quería que en el mundo nadie pasara lo mismo. Pero, no, ahí es cuando te duele un engaño y también los golpes, te miras al espejo y día tras día comienzas a sentir que tener el corazón roto es mejor que tener un corte en la cara.
Escapaste, fuiste libre, y cerca de los 30 te das cuenta que entregues lo que entregues, nada evitará que algo te rompa el corazón.
Pero, ahí estás mirando el cielo, apostando por ti mismo. Reconstruyendo, alineando, siendo fiel a tus valores.
Nadie merece un corazón roto, nadie merece ser mal amado. Nadie merece sentir que no es suficiente.
Y entregarán su corazón mil veces y mil veces se romperá, pero deberan, armar y re-armar. Elijo lo justo, elijamos tomar nuestros quebrados corazones, sin miedo, sin angustia y nunca dejemos de amar, en forma sincera, honesta y desde el fondo del alma. Todos llevamos un corazón roto, elegimos o no el reconstruir.
Escribo esto hace años sin saber que había dolores aún más fuertes, que el corazón no se rompe solo por rechazo, a veces se rompe por elección propia, a veces por ausencia, pero es obligatorio, que después de los 33 el corazón estará roto y lo llevarás así siempre, si es tu opción llevarlo sin dañar, ni herir, ni justificar herir por llevar el corazón quebrado quizás lo haces bien.
(Esto no es personal)