Capitulo 1: Balmaceda Sepúlveda
Aproximadamente un 75%
de los estudiantes universitarios, pierde fe en sí mismos y en el proceso de
estudios, porque las instituciones y las facultades cierran las puertas. Me
refiero a realizar practicas y centros de prácticas, además de requisitos en
los ramos que a veces son absurdos.
Esta historia comienza
con un poco de frustración por parte de tres estudiantes, de pregrado buscando
realizar una prepráctica educacional. Un centro cerro sus puertas de una forma
extraña, plazos y plazos. “La próxima semana” esa frase fue recurrente durante varias
semanas. En fin, ultima opción cambiarnos de centro e ir a la escuela que se
encontraba a 45 minutos de la universidad. En fin, fuimos, teníamos 3 días para
hacer el primer informe, en fin, salió el primer informe.
En ese proceso conocimos
a muchas personas, en el fondo nos dimos cuenta de algo importante. “Los cargos
no traen la humildad”, es decir en dos meses nunca conocimos al director/a, de
la escuela anterior, pero, en dos horas de espera nos recibió un director.
Esa escuela daba frio,
tal vez el invierno no tenía nada que ver, el alma estaba ausente, a veces no
hacía frio, pero su interior era frio.
Al acabar el primer
semestre entregamos nuestro ultimo informe, error nuestro no mirar la portada
antes de salir de la universidad. Claramente la portada decía Escuela Balmaceda
Sepúlveda, eso se notó solo dos minutos antes de entregarlo, sí al director, nos
dijo que no importada que cambiáramos la portada y lo enviáramos.
Uno de nosotros debería
volver a hacer la practica profesional, a esa escuela, yo no quería, tenía 3
razones, me perdería (Cosa que pasó siempre), me quedaba lejos y tenia un poco
de miedo (Miedo a no hacer bien la pega).
Capítulo 2: Practica Profesional
El año completo había sido
difícil (emocionalmente hablando), el alma estaba enferma, estaba solo, mi
mayor enemigo la dependencia emocional me estaba ahorcando lentamente. Pero así
decidí terminar agosto haciendo mi practica en la Escuela.
El día que me
recibieron logre entender porqué siempre hacía frio. “El sujeto”, no era rudo, ni intelectualmente
superior y tampoco alguien que quisiera admirar. (“El sujeto” es el malo en
este cuento y “El sabio” es el bueno). El sabio fue quien nos abrió las puertas
y pidió que llegáramos ahí otra vez, a veces el sabio me daba un aventón en ese
aventón se calmaban muchas de las ansiedades del día.
Es poca la gente que
no tolero, pero, principalmente creo que nunca le había dejado de creer a
alguien después de escuchar 5 palabras, sí así era “El sujeto”.
Teóricamente la cosa
no era complicada, detectar las necesidades y todo el proceso fue fácil, pero,
todos los días logré visualizar una situación que me rompiera el corazón, debo
recordar al menos una o dos veces por semana las ganas de romperle la cara al
responsable de que aquellas criaturas sufrieran tanto. “El sufrimiento de los
niños es responsabilidad de los adultos, no al revés”.
Sí, señores existen
personas con capacidades estratosféricamente tan limitadas que siempre
atribuyan todo el mal a los niños y niñas, me refiero a todos los adultos
Padres, profesores familiares y redes en general.
Capitulo 3: “Con todas
las ganas”
Reconozco que el informático,
fue un amigo, me apoyo y motivó en grandes acciones realizadas así mismo la
traso en práctica, hubiésemos logrado llevar la escuela a la luna si lo proponíamos
los 3, Obviamente porque “el sabio siempre estuvo apoyando”, podríamos construir
un mundo más fácil y feliz si todos se propusieran las cosas y tuvieran ganas
de hacer, sin poner excusas incomodas y raras.
Así cada día me
levantaba con todas las ganas y aunque sabía que lago me pondría ansioso, llegó
un momento en que ya ni lo hacia por la nota, ni por la práctica, simplemente
lo hacía, porque indirectamente podría contribuir a que el mundo de los adultos
mejorase un poco y estos pudieran así mejorar el mundo de los niños y niñas.
Era difícil irme, en
total, me pasé en dos semanas de práctica, sentí que pude hacer más, sentí que
necesité hacer más, sentí que debía continuar. Han pasado tres meses desde que
acabé el proceso, y hoy aun siento que pude haber hecho mucho más.
Agradezco eternamente a
todas esas manos que se extendieron en un momento, esas que tenían buenas
intenciones que querían construir un mundo mejor.