domingo, 26 de junio de 2022

Guardar Silencio (PRT.2)

 

Mientras el ruido alrededor se hace más fuerte, las voces de las personas suenan alto, las frases que mencionan se hacen presentes, comienzo a dejar mi voz atrapada entre la garganta y el seño fruncido. Los techos se vuelven cada vez más alto, me cuesta respirar, te miro y trato de buscar tu mirada en medio de todo el caos que hay alrededor, no debo preguntar nada, pero, solo quería saber que estaba pasando en ese preciso momento por tu cabeza, es imposible no sentirme responsable, si, siempre repetí que no podemos permitirnos ser enemigos, aún así en un par de segundos parecía que peleábamos por bandos contrarios, en una guerra que nos llevaría solo a ahogarnos.

Mantener el status quo, la gran realidad que siempre ha primado en el ejercicio de ir y venir, mi espalda esta adolorida, mis brazos cansados, mi cabeza duele, como en el peor de los días de dolor de cabeza. Todas mis batallas las comencé a pelear solo, cuando clavé el cuchillo en la pared, mi alta se autoconstruía, no hay odio, ni paz, solo no existió nada. El día se hizo noche, mientras pasaban por mi mente, los recuerdos de un futuro que me entregaría paz.

Al final siempre estuve en el mismo lugar, nunca escapé de nada, hace varias semanas, no tenía ganas de morir, pensando que la vida tenía algún sentido, al parecer siempre soy el espacio entre lo que está o estuvo muy mal, y todo lo que puede estar bien.

En algún punto mirar el techo y poder respirar, se sintió como estar bien, creo que olvidé lo que es estar bien, nunca super como renunciar a lo que me atrapaba y me mantenía atado a seguir sintiendo que el dolor constante era la única forma conocida de estar bien, me refiero al dolor físico.  De pronto un día, alguien señala que eso no está bien, quedo helado mientras, imagino la vida sin dolor, sin esperar que la vida se extinga pronto. Eso duró casi un mes.

Cómo si quisiéramos hablar de lo mal que nos sentimos, las veces que lo intenté me sentí tan anulado, incluso cuando la Psicóloga después de todo una sesión de cuestionar mi existencia, me termina ofreciendo flores para tomar. Confié en dos personas cuando tenía el alma quebrada y sentía que lo único que necesitaba era desaparecer, una de ellas, se desapareció diciendo “Te hago mal” el otro “Sí, realmente estas hecho mierda”, sinceramente el ser correspondido se sintió bien, hoy teme a decir lo que pasa por mi mente, mientras los segundos se hacen minutos y cada hora es como un empujón a dejar de respirar.

Nada es tan real, ni la muerte, ni el miedo a la muerte, ni el dolor constante. La verdad nadie tiene tantas cosas que decir, quizás nadie tiene tantas cosas que quiera escuchar, debo “Guardar silencio”, tarde o temprano, algo sale muy bien, algo acaba con la existencia.





 

 

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Dime que el mundo ya no es tan violento