Cuando aparece alguien en la vida, nunca aparecerá en el momento y
el lugar correcto. Será siempre donde no debió haber ocurrido, como un invierno
soleado o un verano lluvioso. Sí, seguramente no tiene sentido lo que escribo,
no quiero repetir ciclos, no quiero aparecer y desaparecer en la vida de la
gente cuantas veces sea necesario, porque, apareciendo y desapareciendo dejare
heridas incurables. Aprendí que es mejor avanzar hacia ningún lugar donde no
pueda herir ni pueda dejar rastros de que alguna vez estuve, donde me recuerden
tal vez como un error, una piedra en el camino o un perro de la calle, que después
de avanzar dos cuadras se olvidará,.
Soy ese lápiz de color que está en la
caja, pero, no sirve para nada, no colorea la vida de nadie, no traza las líneas
de nada. Yo no quiero escribir una historia con nadie, quiero que las personas
escriban sus historias en mí. Sobre el tiempo y espacio que ha trascurrido
entre las personas que han pasado por mi vida, de cada una de ellas recuerdo y
revivo lo mejor, aunque a veces lo mejor significa abrir una gran herida.
Deseo lo mejor para aquellos que
estuvieron y planean estar, porque, no volveré a desatar la ira de nadie, ni el
rencor de nadie y sí, me gusta el café, pero, el café a veces está cargado de
consecuencias y las consecuencias pueden ser evitadas. Es mejor evitar el café, antes que arruinar
la historia que otros están escribiendo. Como muchos lo saben, seguiré y estaré
en el mismo lugar, por mucho tiempo, sin la necesidad de tener que afirmar
nada.
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Dime que el mundo ya no es tan violento