Un triste día este sueño murio, el soñador estuvo cansado, se sentó a mirar el horizonte, mientras el sol se encondía, dejó de temerle a sus pesadillas, porque él las alimentaba, todo aquello que el soñador alguna vez soñó no estaba, por ello ya no habia nada más que lo atormentara. Desesperadas las pesadillas comenzaron a morir, y fueron desapareciendo.
Al amanecer el soñador sentía que estaba en blanco, descubrio que sus pesadillas no estaban y aún mejor, su sueño se habia materializado, su sueño al enfrentarse a las pesadillas, se volvió real, es lo que diferencia a los sueños de las pesadillas. Los sueños no mueren, solo se materializan y para ello deben enfrentarse a las pesadillas.
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Dime que el mundo ya no es tan violento