sábado, 26 de diciembre de 2015

Queño

Hoy estaba sentado en la plaza de mi comuna, Tomé, me fumaba un cigarrillo, mientras el humo desaparecía en el espacio, pensaba en las grandes personas que he conocido este año, en las que amé y en las que decidieron irse. En un momento apareció un señor, con una perrita, el señor estaba en evidente estado de ebriedad, como dirían en las noticias por TV, soy un imán de gente interesante, pero lo particular de este hombre es que se acercó junto a una perrita, "Pelusa" ese era su nombre, el nombre de él era según el: Eugenio, salvador ante, Sí, se presentó como Queño, lo mágico es que me pidió unas monedas, le di unas monedas y un cigarro lo encendió, se fue y la perrita lo siguió, esa perrita lo seguía a todas partes. Solo pude concluir que ese era el amor más potente que había visto. Mi conclusión: El amor de un perro no tiene fronteras, raza, color, ni religión, tampoco edad, por eso arriesga tu amor con el amor profundo.

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Dime que el mundo ya no es tan violento