Fue recién el 1 de noviembre y nos volvemos a encontrar con la muerte, otra vez sobre un niño, hace casi un año también aprendía que la muerte no era solo un momento, a quienes se quedan le toca arrastrar la pena para siempre. Es una tristeza con la que se convive, con la que se duerme, a veces es un poco de rabia, que se disimula con una sonrisa, pero siempre está ahí, pegada al alma, vigilando el corazón.
Estos niños habían
perdido a su padre este año, para ellos se pensó la clínica de batería, un
espacio seguro para ellos, ¿Qué se hace ahora por su madre y por su hermano?,
el dolor en sus almas debe ser infinito, en pocos meses una familia que sobrevivía
solo por amor porque hasta el lenguaje como barrera dificultaba su andar en un país
ajeno.
No logro
entender los designios, ni la voluntad del universo para entregarle tanto dolor a alguien, no existe una explicación y aunque siempre lo busco, ninguna explicación
podrá dar consuelo a ésta familia. La muerte no es un momento, la muerte es para
siempre.
Si bien en
aquellas historias donde somos el enemigo, hoy como siempre solo nos mantiene
vivos el querer hacer algo por alguien más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dime que el mundo ya no es tan violento