Puedo sentir como se me agotan
las energías, como se me acaban las ganas de continuar, como se me pasa el
tiempo esperando que mi tiempo valga la pena. Mientras hago chistes malos, lo
que menos espero es un cállate, porque quizás tengo tanto que decir sobre mis
miedos pero con tanto temor a decirlo que solo termino hablando cosas sin
sentido para que mis miedos no se hagan reales. El gran miedo no es la decepción,
tampoco la frustración, simplemente es no encontrarle el sentido a las cosas,
que pasen 20 años más y no poder decir que logre darle sentido a mi existencia.
Vamos a ver como nos obligamos a
seguir viviendo esta vez, quizás el brillo en los ojos de mi madre o el poquito
a poco de mis pacientes, quizás la esperanza que mi padre tiene en la vida. La memoria
histórica me mantiene atado a la busque de la justicia, del recuerdo a no
querer olvidar los muertos, que no son mis muertos, pero son los muertos de
alguien, los muertos que guardaron silencio. Como aquellos quizás solo debería guardar
silencio, resignarme, olvidar todo y a todos, desaparecer, dejar la vida, sin
dejar un cuerpo que enterrar.
Cuando hablé de como imaginaba
ese día, solo se acerca el 15 de noviembre, camino, nadie sabe mi rumbo,
nadie sabe, nadie preguntará mi rumbo, ahí estaré tan ebrio, que podré hacerme
uno con el acantilado, sin dejar un rastro, ni una huella. Nadie merece la
verdad absoluta, si no comprendes lo frustrante que es cambiar la música sin
saber que quieres escuchar o que los audífonos no suenen como deberían, o que
el perfume que llevo no me guste. Quizás solo es mi incomodidad con la vida y
la existencia.
La verdad yo no busco un lugar
donde pasar el rato, solo una oportunidad dijo en voz alta, ahí entendí que hablar
de una vida al lado de alguien, no es solo hablarlo, que el hablar de construir
no es solo hablarlo. La paciencia que me guardo antes de gritar y de llorar, me
cansó el mundo donde no puedo temblar de miedo, donde no puedo llorar de rabia.
Esa crisis de pánico falsa, con un cuerpo humillandose bajo la lluvia, solo
me hizo pensar en que con o más o menos atención, la vida es igual de
miserable. Qué no se trata de donde llegaste, ni donde vas a estar, que los comerciales
de bancos hablando de hacer realidad los sueños solo son parte de la utopía
neoliberal, que nos lleva a desesperarnos por conseguir un espacio en la vida
de las personas. Cuando más hablas, menos te entienden, cuando menos dices, más
te reinterpretaran, cuando el tiempo pase no recordarás nada de lo que pudiste
decir, escribir o confiar. No hay nada después, no hay un final, no hay un
lugar, solo es el final que siempre estuvo escrito, que siempre habló de como
nos preparábamos para la gran batalla, esa que es con nosotros mismos.
Que ganas de dejar todo ahí,
irme, olvidar, dejar de cuestionar que tan importante es lo que debo o no debo
decir. Que ganas tengo de no estar aquí,
que ganas tengo de tomar mi existencia y llevarla a un 15 de noviembre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dime que el mundo ya no es tan violento