Cansado de hablar de decepciones, quise hablar de cosas que me llenaran,
fue ahí cuando descubrí que estaba siendo cada vez menos de lo que amaba en mí.
Quizás fue el encierro, pero estoy seguro de que durante 2 años me sentí atrapado
en un ir y venir de cosas que no me hacían sentir libre. Escuchar la música
fuerte en la calle, fumar en la calle, beber café en la calle, estar con gente
o estar solo, todo se sentía tremendamente especial.
Hoy, sentí la lluvia más viva que nunca, recuerdo la ultima noche
estrellada que tuve en el último rincón del mundo, cuando el mundo se empezaba
a pausar. No son las personas, algo me atrapo a mi mismo durante 3 años, tenía
tanta pena, tanta pena que no pude llorar en 3 años. En esa noche de reseteo de
Jaeger, solo había un objetivo, el dejar de procesar todo lo que me estaba
empujando a sentir la vida otra vez.
Mi madre, sintió toda mi pena, sin tener que decirle nada sabia que algo
andaba mal en mí, pero, tampoco nunca dijo nada, ambos jugábamos al juego del
fuerte. Mis ojitos de niño miraban al infinito buscando la verdad entre todos
mis procesos. Odiaba las escuelas porque estaban llenas de opresores, salvajes,
carceleros corruptos llamados docentes, no sé en que momento me hice amigo, de
todo lo tenia que terminar por destruir. El sistema estaba destruido, las
escuelas solo son cárceles glorificadas, cárceles que hoy están llenas de
amigos.
Aprendimos a resistir todos los dolores de la vida, aún no logro dejar de
llorar cuando recuerdo a mi madre saliendo de sus sesiones hace mas de 15 años.
Ese mismo tiempo en el que presentaba mi existencia a la adolescencia, tratando
de dejar de sentir todo lo que pasaba por mi cabeza. Hasta hace una semana parecía
que aún estaba a la espera de algo, que pasara algo, como cuando esperaba a mi
mamá salir de sus sesiones, pensando en lo mucho que dolía mi cabeza. Recuerdo
que hace un año y medio aproximadamente, mi cabeza dolía tanto que solo me dormía
en el lugar en el que estuviese. Claro, el escape del dolor, me llevaba a
recordar esas tardes en las que escapaba al cetro detrás de mi casa a fumar,
mientras observaba a la distancia el paisaje que se hacía verde esmeralda.
Yo nunca supe nada de la vida, solo sé que todo lo que amé lo amé hasta que
lloré por amarlo tanto, ahí siempre reaccionaba y entendía que solo era apego.
Mi primer amigo, se fue lejos y nunca más volvimos a saber el uno del otro,
nunca más nos buscamos, quizás por eso acepto las partidas, como una derrota.
Si, a veces la vida me dolió, pero, mi madre tiene dos angelitos, dos
velorios de angelitos, dos funerales de angelitos y ninguno de ellos fui yo. Si
estoy aquí, debo estar en el camino correcto, hacia el lugar donde tengo que
servir, no debo olvidar otra vez el camino, todo lo que está pasando por
nuestro camino podrá y puede ser transitorio. Nada nos desarma, nada nos devasta.
Tampoco somos los devastadores ni los enemigos, no somos luz, tampoco
oscuridad. Pero jamás estaremos del lado equivocado. Todo lo que se siente es
correcto y valido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dime que el mundo ya no es tan violento