martes, 5 de julio de 2022

El recuerdo de mi madre saliendo de un pasillo blanco, en que la ultima puerta siempre estaba cerrada

 

Cansado de hablar de decepciones, quise hablar de cosas que me llenaran, fue ahí cuando descubrí que estaba siendo cada vez menos de lo que amaba en mí. Quizás fue el encierro, pero estoy seguro de que durante 2 años me sentí atrapado en un ir y venir de cosas que no me hacían sentir libre. Escuchar la música fuerte en la calle, fumar en la calle, beber café en la calle, estar con gente o estar solo, todo se sentía tremendamente especial.

Hoy, sentí la lluvia más viva que nunca, recuerdo la ultima noche estrellada que tuve en el último rincón del mundo, cuando el mundo se empezaba a pausar. No son las personas, algo me atrapo a mi mismo durante 3 años, tenía tanta pena, tanta pena que no pude llorar en 3 años. En esa noche de reseteo de Jaeger, solo había un objetivo, el dejar de procesar todo lo que me estaba empujando a sentir la vida otra vez.

Mi madre, sintió toda mi pena, sin tener que decirle nada sabia que algo andaba mal en mí, pero, tampoco nunca dijo nada, ambos jugábamos al juego del fuerte. Mis ojitos de niño miraban al infinito buscando la verdad entre todos mis procesos. Odiaba las escuelas porque estaban llenas de opresores, salvajes, carceleros corruptos llamados docentes, no sé en que momento me hice amigo, de todo lo tenia que terminar por destruir. El sistema estaba destruido, las escuelas solo son cárceles glorificadas, cárceles que hoy están llenas de amigos.

Aprendimos a resistir todos los dolores de la vida, aún no logro dejar de llorar cuando recuerdo a mi madre saliendo de sus sesiones hace mas de 15 años. Ese mismo tiempo en el que presentaba mi existencia a la adolescencia, tratando de dejar de sentir todo lo que pasaba por mi cabeza. Hasta hace una semana parecía que aún estaba a la espera de algo, que pasara algo, como cuando esperaba a mi mamá salir de sus sesiones, pensando en lo mucho que dolía mi cabeza. Recuerdo que hace un año y medio aproximadamente, mi cabeza dolía tanto que solo me dormía en el lugar en el que estuviese. Claro, el escape del dolor, me llevaba a recordar esas tardes en las que escapaba al cetro detrás de mi casa a fumar, mientras observaba a la distancia el paisaje que se hacía verde esmeralda.

Yo nunca supe nada de la vida, solo sé que todo lo que amé lo amé hasta que lloré por amarlo tanto, ahí siempre reaccionaba y entendía que solo era apego. Mi primer amigo, se fue lejos y nunca más volvimos a saber el uno del otro, nunca más nos buscamos, quizás por eso acepto las partidas, como una derrota.

Si, a veces la vida me dolió, pero, mi madre tiene dos angelitos, dos velorios de angelitos, dos funerales de angelitos y ninguno de ellos fui yo. Si estoy aquí, debo estar en el camino correcto, hacia el lugar donde tengo que servir, no debo olvidar otra vez el camino, todo lo que está pasando por nuestro camino podrá y puede ser transitorio. Nada nos desarma, nada nos devasta. Tampoco somos los devastadores ni los enemigos, no somos luz, tampoco oscuridad. Pero jamás estaremos del lado equivocado. Todo lo que se siente es correcto y valido.





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Dime que el mundo ya no es tan violento